Aeropuerto
Que sean los gendarmes quienes la cuiden de los viento
s,
porque hoy el verde conduce la ruta femenina:
pétalos, perfumes, obsidianas y amatistas,
saberes ancestrales,
la madre cruel
que hay que sanar,
que hay que saber.
La recuperación estética alumbra
una gruta sagrada tierra,
transitar liviana, suave, chamánica,
este fluir de dedos o maracas.
Cualidad y cremas el movimiento de la gran sacerdotisa sobre ella,
las manitos que la cuidan embellecen el adentro,
poros abiertos
hacia el centro de la violencia que es;
de la ternura que es;
se refleja en los rostros de otras violencias y máscaras,
excesos de generosidad, dar amor sin límite,
la medida y la balanza o el perfume,
la avaricia,
dos caras de la misma moneda
cuando de amar se trata.
Para arrojar luz en esta ruta
se solicita la propiedad del pétalo
lluvia mansa acaricia,
penetra picante en secretos de piedra,
la piel,
es reverso en la revelación.
Lluvia, humedad, presión en los ojos,
el entrecejo,
caricia, colonia de rosa,
como el nombre de su madre,
sabe a aceitunas, a champaña
e instrumentos de viento como el jazz
este adentrase sin lágrimas
a lo oscuro.

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